Salir a la pizarra

Cuando te sacaban a la pizarra justo el día que no habías estudiado.
BuscarSalir a la pizarra, copiar cien veces, el boletín de notas, el plinto, el análisis sintáctico y el profesor de gimnasia.

Cuando te sacaban a la pizarra justo el día que no habías estudiado.

«No volveré a hablar en clase», una y otra vez hasta llenar la hoja. El castigo de siempre.

Cinco evaluaciones, con sus Bien, Notable y Sobresaliente. Y la firma de los padres.

Espalderas, colchoneta verde y el plinto esperando con el trampolín delante. Ni El juego del calamar daba tanto miedo como cuando el profe de gimnasia decía «¡siguiente!». Y más de uno acabó sentado encima del plinto.

Sujeto, predicado, complementos y las flechas por toda la hoja. Las clases de Lengua.

Página tras página con la misma frase. El castigo más temido.

Chándal impecable, silbato al cuello y gafas de sol. El profe de gimnasia mandaba dar diez vueltas al patio y él miraba. ¿Alguien le vio correr alguna vez?

A dormir pronto, a comérselo todo y sin salir de casa. De pequeños eran castigos; ahora son el plan perfecto del sábado.

Tinteros, pizarras de tiza, forrar los libros o la vara del profesor. Hay cosas del colegio que hoy no se entenderían. ¿Cuál es la tuya?

Las espalderas del gimnasio, las hermanas amables del potro y el plinto.
El colegio tenía sus momentos de terror: que dijeran tu nombre para salir a la pizarra, el salto del plinto delante de toda la clase o llevar el boletín de notas a casa para que lo firmaran.
Aquí reunimos esos pequeños sustos de la vida escolar que hoy recordamos con una sonrisa. Vota el que peor llevabas.
¿Qué te daba más miedo?