Manzanas de caramelo

Las manzanas de caramelo de la feria, rojas y brillantes. El primer mordisco era una aventura para los dientes.

Manzanas de caramelo, algodón de azúcar, monedas de chocolate y piruletas de todas las formas.

Las manzanas de caramelo de la feria, rojas y brillantes. El primer mordisco era una aventura para los dientes.

Los chupetes de caramelo, envueltos en plástico. Te los colgabas del cuello y a chupar toda la tarde.
¿Rojo o verde?

«Redondetas, sabrosetas»: las piruletas Dunketas, con los colores del arco iris en espiral.

El Melody Pop, el caramelo con forma de flauta que silbaba mientras te lo comías. Las madres no lo recuerdan con tanto cariño.

Los Kojak, el chupachup con chicle dentro, en su bote del kiosco. Había que tener paciencia para llegar al relleno.

El algodón de azúcar de la feria, recién hecho y más grande que tu cabeza. Acababas con la cara y las manos pegajosas.

Los paraguas de chocolate, con su mango de plástico de colores. Lo difícil era quitarles el papel sin que se rompiera la punta.

Las monedas de chocolate, con su papel dorado que nunca salía entero. Eran lo más parecido a ser rico que conocíamos.

Chupetes y martillos de caramelo rojo, pinchados en su palito.
¿Tú de qué eras?

Chocolate por fuera y merengue blandito por dentro. Imposible comerlo sin mancharte la cara.

Cucuruchos de galleta con su relleno dulce de colores. Una de esas delicias de kiosco que se comían de arriba abajo.

Chocolate en sus capsulitas de papel de aluminio de colores. Lo difícil era sacarlos enteros sin dejar la mitad pegada.

Los Ice Cubes de Moritz, cubitos de chocolate rellenos de avellana en su papel dorado. Se deshacían en la boca nada más morderlos.

El chocolate Elgorriaga de la campana, en su tableta amarilla. Una onza para merendar con pan... y otra que caía sin que nadie se enterara.

Las bolsitas de Conguitos de antes, con su mascota de siempre. Cacahuete con chocolate: abrir una bolsa era no parar hasta el último.
La feria del pueblo o del barrio tenía su propio olor: azúcar caliente. Allí estaban las manzanas de caramelo, el algodón de azúcar que se hacía delante de ti y las piruletas con formas imposibles. Comerlas sin acabar pegajoso de la cabeza a los pies era misión imposible, y nadie lo intentaba en serio.
El chocolate también tenía sus formatos de fiesta: monedas envueltas en papel dorado, paraguas con mango de plástico, bombones en capsulitas de colores o la tableta de toda la vida para merendar con pan. Pequeños caprichos que se guardaban para los días especiales y que hoy seguimos reconociendo a la primera.


