La botella con tapón de gaseosa

Ahora presumen de tapones que no se separan de la botella. Las gaseosas de toda la vida ya los llevaban, con su alambre y su «plop» al abrir.

La gaseosa con tapón, la garrafa de vino, la bota en la merienda de campo y las copas de los 90.

Ahora presumen de tapones que no se separan de la botella. Las gaseosas de toda la vida ya los llevaban, con su alambre y su «plop» al abrir.

La garrafa de vino, con su funda de plástico y el corcho. Se llenaba en la bodega o la cooperativa y duraba lo que duraba en casa del abuelo. ¿Quién tenía una en la despensa?

Una bota de vino, chorizo, salchichón y una navaja para ir cortando. Nada de bebidas energéticas: esto era lo que se llevaba al campo o de excursión. ¿Quién sabía beber de la bota sin mancharse?

Nada de bebidas isotónicas: después del partido, un trago directo de la manguera. Sabía a goma, pero quitaba la sed como nada.

Malibú con piña o Licor 43 con chocolate: las copas de moda cuando salíamos a finales del siglo pasado. Y a mucha honra.

La sartén sobre las brasas, el pan de pueblo y la carne recién hecha. Comida de campo de toda la vida.

Colocadas en círculo, una a una, en la canasta del pescadero. Así llegaban al mercado.


