Cartel de helados Frigo

Drácula a 20 pesetas, Pop-eye a 15, Frigopie a 30... El cartel del kiosco con los polos de aquellos veranos.
¿Cuál era tu polo favorito?

El cartel de helados del kiosco, los polos de hielo en tubo, los cortes de tres sabores y el Mikoboy.

Drácula a 20 pesetas, Pop-eye a 15, Frigopie a 30... El cartel del kiosco con los polos de aquellos veranos.
¿Cuál era tu polo favorito?

El verano habría sido menos verano sin ellos. Mordías la punta del plástico y a chupar hasta que solo quedaba el envoltorio.

El corte de helado de nata, fresa y chocolate entre dos galletas de barquillo. Había que comérselo rápido, antes de que se te escurriera por los dedos.

El polo con cara de fantasma, lo más parecido a Halloween que teníamos entonces. ¿Te acuerdas de cómo se llamaba?
El Nifti, de Camy.

El cartel de Camy con todos sus helados: polos, bombones, cornetes, copas y cortes. Elegir delante del cartel era más difícil que un examen.
¿Con cuál te quedabas?

La naranja helada y el limón helado, servidos en su propia cáscara. El postre de los restaurantes en verano.
¿Naranja o limón?

Un palillo, unas horas en el congelador y el Petit Suisse se convertía en helado. Casero, barato y de lo más rico.

Los Flax de Burmar, directos al congelador. No había verano sin unos cuantos, bien duros y fresquitos.

Avidesa, Camy, Royne, Frigo, Miko... Cada uno tenía su marca de helados favorita y la defendía a muerte.
¿Cuál era tu marca de helados?

El corte de helado entre dos galletas de barquillo. Cada uno tenía su combinación favorita.
¿Cómo te gustaba el corte?

Una botella de Fanta, el molde Pol-o-matic y al congelador: así se hacían los polos caseros que prometía el anuncio.

El Mikoboy, el helado con cara de payaso y sombrero de chocolate. Y como remate, la nariz era de chicle.
En verano, el cartel de helados del kiosco era casi un menú de restaurante. Se leía de arriba abajo, se comparaban precios en pesetas y se elegía con mucha calma, porque el dinero daba para uno y había que acertar. Cada marca tenía sus fieles, y algunos polos se recuerdan tanto por su forma como por su sabor.
Los polos de hielo en tubo, más baratos, se congelaban en casa por docenas, y los cortes de helado se compraban para toda la familia. También había inventos caseros: moldes para hacer polos con refresco o un Petit Suisse con un palillo metido en el congelador.


