Las cajas de quesitos

La vaca que ríe, El Caserío, MG y La Lechera: cada casa tenía su caja redonda de quesitos.
¿Con cuál te quedas?

Pan con chocolate, con mantequilla y azúcar o con leche condensada, quesitos y lo que se untaba en casa.

La vaca que ríe, El Caserío, MG y La Lechera: cada casa tenía su caja redonda de quesitos.
¿Con cuál te quedas?

Pan con chocolate: una barra, unas onzas y a la calle a merendar. Pocas cosas hay más de nuestra Generación VHS.

Tulipán untado en el pan tostado del desayuno y, si había suerte, con un poco de azúcar por encima.

Petit Suisse de Danone, con su promoción para completar el álbum «Animales en peligro». Y la gran pregunta de la época: ¿a ti también te daban dos?

Pan con tomate y mortadela con aceitunas: la merienda que nos ponían una y otra vez. Y nos la comíamos sin rechistar.

«Nocilla sabe de fresas»: así se anunciaba el nuevo sabor, mitad cacao y mitad fresa en el mismo vaso.

Una tarrina con tres franjas para untar en el pan. La crema de tres sabores nos parecía un invento del futuro.

Pan con mantequilla y azúcar por encima. No hacía falta nada más para merendar como reyes.

La caja redonda de los quesitos El Caserío, con su casa en el campo. Seguro que ya te ha venido la canción a la cabeza.

La sopa de letras: más que cenar, jugábamos a buscar nuestro nombre en la cuchara.

Pan con leche condensada. Iguálanoslo, si puedes.

Petit Suisse de fresa y plátano, ahora también en doble tamaño. Para los que con dos no tenían bastante.

«Repita, repita»: el Pralín de Zahor, bombón en crema para untar. La merienda feliz, como decía el anuncio.

«Leche y... Nocilla Instantánea. La unión hace la fuerza». Sí, existió una Nocilla en polvo para echar en la leche.
La merienda de casa empezaba casi siempre con un trozo de pan. Lo que llevara encima dependía del día y de la despensa: onzas de chocolate, mantequilla con azúcar, leche condensada, embutido o tomate. Era rápida de preparar, se comía en la calle jugando y no necesitaba plato ni servilleta.
Las cremas para untar y los quesitos completaban el repertorio. Cada casa tenía su caja redonda de quesitos y su tarrina en la nevera, y los anuncios de la tele se encargaban de presentar cada poco un sabor nuevo. Algunos se quedaron para siempre y otros solo los recuerda quien llegó a probarlos.


