Los cuadros de payasos

Los cuadros de payasos, siempre en el pasillo o en el cuarto de los niños. Daban un poco de miedo por la noche.

Figuritas de cristal, cuadros de payasos, álbumes de comunión, miniteles de recuerdo y la bombonera del salón.

Los cuadros de payasos, siempre en el pasillo o en el cuarto de los niños. Daban un poco de miedo por la noche.

Las figuritas de cervatillos con cadenita, en la vitrina del salón. Quien tuvo una, la recuerda perfectamente.

Aquellos recordatorios de Primera Comunión con sus dibujos de niños.

En vez de un selfi, te traías una minitele con fotos del viaje.

La bombonera de cristal tallado, siempre en la mesa del salón y casi siempre vacía.

Los imanes de nevera con frutas. Seguro que más de uno los tenía.

La botella de cristal tallado del mueble bar. Casa que se preciara tenía una.

El despertador con forma de gallina que había en muchas mesillas. A más de uno le sonará... y nunca mejor dicho.

Las figuritas de cristal de la vitrina: cervatillos, cisnes, ratones...

Aquellos álbumes de recuerdo de la Primera Comunión, nacarados y con su medalla.

Uno de los souvenirs más típicos: la minitele y la minicámara con fotos.

Así eran las velas de cumpleaños: blancas, en espiral y con su base de flor.

Las láminas de Mira Fujita, con sus pierrots y sus chicas de ojos grandes. Estaban colgadas en muchas habitaciones de los 80.

Cuando estaban de moda los cuadros de nacimiento, con su escudo y sus grabados.
Cada casa tenía su vitrina y sus estanterías llenas de pequeños recuerdos. Figuritas de cristal, cervatillos con cadenita y recuerdos de viajes convivían con los cuadros de payasos del pasillo y las láminas de chicas de ojos grandes en las habitaciones.
Las celebraciones familiares también dejaban su huella en forma de objetos: álbumes y recordatorios de comunión, cuadros de nacimiento o las velas de cumpleaños de siempre. Todo se guardaba, por si acaso.


