Llavero de Mimosín

El llavero de peluche del oso Mimosín. ¿Quién tuvo uno?

Las figuritas Kinder, los llaveros de Danone, los regalos de Yoplait, las pegatinas del Bollycao y los sobres de Monta Plex.

El llavero de peluche del oso Mimosín. ¿Quién tuvo uno?

Los hipopótamos de Kinder: quien empezaba la colección, no paraba.

Aquellos productos de Yoplait y sus regalitos: vasos, cubiertos, juegos y tazas.

Cuando los Bollycaos regalaban pegatinas de Sega, letras y caricaturas de futbolistas. El pastelito era lo de menos.

Cuando los llaveros eran todo un arte: Pepsi, Kas, Danone, Miko... Colecciones enteras clavadas en un corcho.

Las pegatinas holográficas con brillos: pipa, trébol, helado... Daba pena pegarlas.

Ejército, grupo de combate, aviones... Un simple sobre de Monta Plex nos daba la felicidad.

Mirabas detrás de la tapa del yogur y... ¡enhorabuena! Premio. Ese momento no se olvida.

El llavero de La vuelta al mundo de Willy Fog, regalo de Danone. Todo un tesorazo.

Los chinitos de la suerte con su cordón de colores. ¿Los tuviste?

Los tatuajes de nuestra Generación VHS: mojar, apretar, esperar y despegar con cuidado.

Los servilleteros de Fruti, de Danone, en colores para que cada uno tuviera el suyo en la mesa.

Las figuritas de los huevos Kinder: hipopótamos, ranas, cocodrilos... Muchos las guardan todavía en una caja.

Aquellos llaveros de madera con mensajes: «Busco media naranja», «No te compliques»...

«¡Enhorabuena! Has ganado un Bollycao». Con qué poco te alegraban la tarde.

Los cubiertos de postre de la promoción de Yoplait, con mango rojo.

Las pegatinas con ojos que se movían: corazones, gatos, patines... Acababan en la carpeta, en la nevera o en la frente de tu hermano.

El llavero de mosquetón de Pryca. Seguro que la mayoría usó uno.

Los sobres de Monta Plex, con sus piezas de plástico para montar muñecos y accesorios. Abrirlo en la puerta del kiosco era obligatorio.

Los chupetes de la suerte, de plástico de colores, que se colgaban del cuello o de la pulsera. Cuantos más, mejor.

Por dos pesetas, dos tatuajes y un chicle: los Dunkin.

Las gominolas de rata de V, a 10 pesetas. Para comerlas como Diana.
Una buena parte de nuestros juguetes llegó gratis, escondida en un yogur, un bollo o un huevo de chocolate. Las marcas competían a base de regalos: figuritas para coleccionar, llaveros, pegatinas, cubiertos o juegos magnéticos a cambio de tapas.
Estos pequeños objetos se convertían en tesoros que se guardaban en cajas y se cambiaban con los amigos. Hoy algunos se venden como piezas de colección, pero para nosotros eran la recompensa de terminarse la merienda.


