El casete grabador

El casete grabador de mesa, con sus teclas gordas. ¿Qué recuerdos te trae?

El walkman de Sony, el radiocasete Sanyo, la cadena con torre de cristal y el comediscos.

El casete grabador de mesa, con sus teclas gordas. ¿Qué recuerdos te trae?

Cuando llevar un walkman era llevar la banda sonora de tu vida.

La cadena de música con su torre de cristal. Cuando tenías una, eras el rey del barrio.

Aquellos minipianos con su cancionero, casi imposibles de tocar.

¿Cuántas horas pasaste escuchando uno de estos? Radio, casete y antena extensible.

La cinta limpiadora para el radiocasete del coche, con su líquido. Uno de los objetos más imprescindibles de la época.

El Casio VL-Tone. Todo el que lo tuvo hacía como que tocaba las melodías.

El walkman con radio de Sony. Imprescindible para cualquier viaje.

El radiocasete Sanyo, con su caja original. Doble casete y altavoces enormes para sacarlo al parque.

El cepillo de felpa para limpiar los discos. Una pasada antes de poner la aguja y el vinilo, como nuevo.

Los auriculares con radio incorporada. Estaban muy de moda, aunque parecieras un controlador aéreo.

Que levante la mano quien hizo sonar alguna vez una de estas.

El comediscos: metías el single por la ranura y empezaba a sonar. Con la canción de Heidi, mejor todavía.
La música se volvió portátil en los 80. El walkman permitió llevar las canciones en el bolsillo y el radiocasete salía al parque o a la playa con sus pilas gordas. En casa, la cadena de música con su mueble de cristal era el centro del salón.
Junto a los aparatos estaban los accesorios que los mantenían vivos: cintas limpiadoras, cepillos para los discos o el boli para rebobinar. Y para los más pequeños, comediscos, minipianos y teclados de juguete que sonaban como podían.


