El módem y la conexión a internet

El pitido del módem, los intentos de conexión y rezar para que nadie cogiera el teléfono. Y aún hay quien se queja del wifi. ¿Te acuerdas del ruidito?

El módem que pitaba, el Nokia que no se rompía y la radio del coche que te llevabas al bar.

El pitido del módem, los intentos de conexión y rezar para que nadie cogiera el teléfono. Y aún hay quien se queja del wifi. ¿Te acuerdas del ruidito?

A las ocho de la mañana, 100 %. A las ocho de la tarde, 99 %. El Nokia aguantaba una semana, y además resistía cualquier caída.

Aparcabas y te llevabas la radio del coche como si fuera un maletín. Al bar, al cine y hasta a casa de la suegra.

El bloqueo de pantalla de los 80: un candado en el disco del teléfono para que nadie llamara. Y aun así, alguno aprendió a marcar dando golpecitos al colgador.

El radiodespertador de números rojos: cada vez que se iba la luz, a parpadear en 12:00 hasta que alguien lo ponía en hora. Y siempre sonaba en el peor momento de la canción.

Treinta y nueve años para bajar un archivo, y como alguien cogiera el teléfono, a empezar de cero. Eso sí que forjaba la paciencia.

Videocámara, radiocasete, walkman, teléfono, tele portátil y calculadora. Todo lo que este hombre carga a cuestas, hoy lo llevas en el móvil.

Tele, radio, casete y tocadiscos en un solo mueble. El centro multimedia de los 80, y hacía falta un camión para moverlo.

Los niños de ahora tienen iPad. Nosotros teníamos la calculadora y sabíamos qué número escribir para que, al darle la vuelta, pusiera «EL BEBE».

Descolgabas, marcabas el número y una voz te decía la hora exacta. Así se ponían en hora los relojes de toda la casa.

Justo antes de que sonara el móvil, los altavoces del ordenador empezaban a zumbar. Era el aviso más fiable que hemos tenido nunca.

El Nokia de la mecedora tiene batallitas para rato: caídas desde un tercer piso, semanas sin cargar… Los móviles de ahora no se lo terminan de creer.

Grabar un CD, escribirle el título con rotulador y rezar para que no fallara a mitad. Un día lo hiciste por última vez y ni te enteraste.

El Discman que llevabas en la mochila ya está en una vitrina de museo, con su cartelito y todo. El tiempo pasa rapidísimo.


