Monopatín Sancheski

El monopatín Sancheski, todo un tesoro de nuestra niñez.

La BH plegable, los patines de hierro, el Scalextric, el Ibertren y el Vespino con el que soñábamos.

El monopatín Sancheski, todo un tesoro de nuestra niñez.

Nuestros patines de hierro con correas. Aerodinámica pura.

La bici plegable roja, la primera de muchos. ¿Cuál fue la tuya?

El triciclo de hierro. A veces lo sencillo es dos veces bueno.

Una bici de cuernos y un Vespino rojo: dos auténticas joyas. Con una ibas al colegio y con el otro soñabas.

El Auto Cross Turbo: un volante, un circuito y un cochecito que había que mantener en la carretera. Ríete tú de los videojuegos de hoy.

Cuando se nos salía la cadena de la bici: bici bocabajo, manos negras y mucha paciencia.

El pedal metálico de la bici, con su catadióptrico naranja. Y la marca que dejaba en la espinilla.

Scalextric, «el trepidante mundo de las carreras». Montar el circuito en el pasillo y ver el coche salirse en la primera curva.

La bici con sillín de banana y manillar alto. ¿Cuál fue tu primera bici?

El Ibertren, el tren eléctrico de muchos. Todo un lujo cuando éramos niños.

Los patines Sancheski con su bolsa de cuadros.

El patinete casero de madera y rodamientos. ¡Cómo ha cambiado la cosa!

El triciclo de hierro con su sillín negro. Tuviste uno así, y lo sabes.

El Vespino GL rojo. ¿Quién tuvo uno?

El Auto Cross era nuestra Fórmula 1: un volante, un circuito que giraba y el cochecito que no había manera de mantener en la carretera.

Que levante la mano quien tuvo una BH de pequeño. Azul, plegable y aguantando todo lo que le echaras.

Los puños de goma del manillar de la bici. ¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza?

Las colecciones de coches de metal de Mira: Seat Ibiza, Ford Sierra, Opel Corsa... Los primeros coches de muchos.

El Mercedes de juguete con mando de cable. Para muchos, el coche de sus sueños.

Rozaba la rueda y encendía la luz. Cuanto más rápido pedaleabas, más alumbraba.
La primera bici era casi un rito de paso. Las plegables, las BH o las de sillín alargado se heredaban entre hermanos y primos, y se arreglaban en la calle con las manos negras de grasa cada vez que se salía la cadena. Los patines de hierro con correas y los monopatines completaban el parque móvil del barrio.
Dentro de casa, el pasillo se convertía en circuito: Scalextric, Auto Cross, trenes eléctricos y colecciones de coches de metal. Y, ya más mayores, el Vespino aparecía como el gran sueño sobre dos ruedas.


