Barriguitas en blíster

¿Cuántos fans de Barriguitas tenemos por aquí?

Barriguitas, muñecas Repollo, Pinypon, la casita de Pin y Pon, el dormitorio de Nancy y los recortables de papel.

¿Cuántos fans de Barriguitas tenemos por aquí?

Las muñecas Repollo, con su cara redonda, sus mofletes y su pelo de lana. Cada una venía con su nombre.

Los recortables de muñecas con su ropa. ¿Qué me pongo hoy?

Rosaura, la muñeca grande de trenzas pelirrojas y vestido de flores. ¿Te acuerdas?

Aquellos accesorios de Barriguitas: armario, mecedora, caballito y trona.

Baby Mocosete, todo un exitazo en los 80.

¿Te acuerdas del dormitorio de Nancy?

Así era la auténtica casita de Pin y Pon, con sus muebles diminutos y sus muñecos de cabeza redonda.

Hoy toca bañar a las Barriguitas, en su bañera-ducha amarilla.

Los recortables de toda una generación, con su ropa y su sombrero.

La silla de paseo para las muñecas, de lona a rayas. ¿A quién llevabas tú?

La muñeca Repollo, con su certificado de nacimiento.

El tiovivo de las Barriguitas, con su toldo rojo y sus muñecas en los columpios.

La muñeca grande de trenzas, sentada en la cama como una más de la familia.

¿Te acuerdas de la muñeca que tenía un tocadiscos en la espalda?

Aquella supercocinita de juguete, con horno, nevera y armarios. No le faltaba de nada.

Los recortables de Marco, con su ropa para cambiarle. El armario de Marco tampoco era para tirar cohetes.

«Un muñeco pequeño que tiene más cosas que muchas muñecas grandes»: las Barriguitas de Famosa, con su bañera, su cuna y su trona.

Los Pinypon originales, los de nuestra Generación VHS, con su granja y su camioneta.

¿Quién se acuerda del costurero de la Señorita Pepis?

El Maquillaje Fantasía, con su cabeza para practicar y sus pinturas. Media familia acababa pintada.
Las muñecas tenían una vida completa: casa, muebles, ropa, cochecito y hasta certificado de nacimiento en el caso de las Repollo. Las Barriguitas se bañaban, montaban en tiovivo y se mecían en su mecedora, mientras que los Pinypon tenían granja y camioneta propia.
Los recortables eran la versión barata y casera de todo aquello: una lámina de papel, unas tijeras de punta redonda y paciencia para no cortar las pestañas. Con ellos se vestía a Marco, a Marina o a cualquier muñeca de papel, y muchos se guardaban dentro de un libro para que no se arrugaran.


