La Botibota

La Botibota: la bota con aro que se saltaba con el otro pie.

El teléfono de yogur, la estrella de palillos, la lata en el zapato y las batallas de globos.

La Botibota: la bota con aro que se saltaba con el otro pie.

Cinco palillos doblados, unas gotas de agua en el centro y a esperar. Reconoce que alguna vez la has hecho.

¡Cuerpo a tierra! El tubo del boli convertido en cerbatana con granos de arroz.

La terapia antiestrés de la Generación VHS: lápices mordidos, gomas llenas de agujeros, monedas calcadas y bolis destrozados.

Una moneda debajo del papel y a rascar con el lápiz. Lo hiciste alguna vez, y lo sabes.

Dos vasos de yogur, un cordel bien tenso y ya teníamos teléfono. Se oía regular, pero nos parecía magia.

Unas cerezas colgadas en la oreja como pendientes. ¿Quién hizo esto alguna vez?

Parece que aquí se lió una buena: el grifo lleno de gomas de globos de agua.

Unos palillos bien entrelazados y sabes perfectamente cómo acabará: saltando por los aires al tocarlos.

Las anillas de las latas, que se usaban para todo: collares, cadenas, juegos...

Clavarte una aguja en la piel del dedo sin que doliera. Lo hiciste alguna vez, y lo sabes.

Las botellas de plástico con pitorro para mojar a todo el que pasaba. Si nunca te han rociado con una, no eres de nuestra Generación VHS.

La espiga en la espalda del vecino, que subía sola. Un proyectil infalible.

Nuestras armas de destrucción masiva: globos y botellas cortadas.

Pisar la lata hasta que se quedaba enganchada en la zapatilla y caminar haciendo ruido. Todos lo hicimos alguna vez.
Muchos de los mejores juegos no se compraban: se inventaban con lo que había a mano. Dos vasos de yogur y un cordel eran un teléfono, una botella de plástico servía para mojar a toda la pandilla y unas cerezas colgadas de la oreja hacían de pendientes.
En el colegio también había hueco para el ingenio: estrellas de palillos que se abrían con una gota de agua, monedas calcadas con el lápiz o el tubo del boli convertido en cerbatana. Travesuras pequeñas que hoy recordamos con una sonrisa.


