Cromos de coches

Cuando coleccionábamos cromos de coches de Motor 16.

Álbumes de E.T., Candy Candy y el Mundial 82, cromos troquelados y la ventana mágica de Bollycao.

Cuando coleccionábamos cromos de coches de Motor 16.

Las láminas de cromos troquelados con damas, gatos y animalitos. Se despegaban con cuidado y se cambiaban en el patio.

Doble ilusión con Danone: postre y cromos de Jacky, el oso de Tallac.

Los cromos de la ventana mágica de Bollycao: movías la tira y el dibujo cambiaba.

Un montón de cromos troquelados: princesas, perritos, gatos... ¿Quién se acuerda de ellos?

España 82, E.T., El retorno del Jedi, Los Goonies, V... ¿Cuál te hizo más ilusión?
¿Cuál te hizo más ilusión?

Fútbol en acción, Jacky, Don Quijote, La batalla de los planetas, la abeja Maya... Los sobres de cromos de regalo con Danone, tres por sobre.

Una caja de puros llena de cromos troquelados. Cada uno los llamaba de una manera, pero todos los guardábamos como oro.

Cuando no había efectos digitales, nos explicaban la magia del cine con cromos. Explosiones, accidentes y monstruos, página a página.

El álbum de cromos de Candy Candy, «éxito en TVE». Arriba la mano los fans de Candy.

El sobre de cromos de la abeja Maya, obsequio de Danone, con sus bordes amarillos.

Las láminas de cromos troquelados de Navidad, para despegar con cuidado e intercambiar en el patio.
Coleccionar cromos fue una de las grandes aficiones de la infancia. Se compraban sobres en el kiosco, se pegaban con cuidado y se cambiaban en el patio al grito de «sí, sí, no...». Completar un álbum era una hazaña que pocos conseguían.
Los cromos troquelados, con sus princesas, animales y escenas de Navidad, tenían un público propio y se guardaban en cajas de puros o de galletas. Muchas marcas de alimentación regalaban cromos con sus productos para fidelizar a los más pequeños.


