Exin Basket

¿Quién se pegaba grandes viciadas al Exin Basket?

Partidos de chapas pintados con tiza, canicas en el bote de Cola Cao y el balón de Naranjito.

¿Quién se pegaba grandes viciadas al Exin Basket?

Las rodilleras acolchadas de portero. Con ellas nos creíamos los mejores del mundo.

La pelota del Mundial 82 con Naranjito y las banderas. Que levante la mano quien tuvo una.

Pegatinas para tus chapas con los ases del ciclismo: Delgado, Fignon, Gorospe... Más ochentero, imposible.

Un agujero en la tierra, unas canicas y toda la tarde por delante. Cada barrio tenía sus reglas... y su nombre para el juego.

Por aquí, sin duda, ha pasado Oliver Atom. La portería de hierro del descampado, con la red rota y el campo de tierra.

Campo de tierra, cal en el suelo y un balón que, en invierno, parecía de piedra. Parar un chut con esto era de valientes.

La bocina del Mundial 82 con Naranjito. Los más futboleros la recordarán.

¿Quién pasó horas de diversión con los volantes de bádminton?

Las chapas en la arena. ¿Cómo algo tan sencillo nos daba tantos buenos ratos?

Unos guantes de estos y nos creíamos Arconada. Aunque la pelota pasara igual.

El balón del Mundial de España 82, con Naranjito estampado. Un tesoro que daba pena patear.

Arriba la mano los fans del futbolín de toda la vida.

Un bote de Cola Cao lleno de canicas: el tesoro de cualquier niño del barrio.

Cuando no había medios, imaginación al poder: una portería pintada en la tapia y a jugar.

Un campo pintado con tiza y las chapas en formación: ¡partidazo en la cumbre!

El balón con la cámara asomando como un huevo: se acababa el partido o se seguía jugando igual. Casi siempre, lo segundo.

Cuando se jugaba con tacos de aluminio y las botas venían en su caja de cartón. Las espinillas de los rivales no opinaban lo mismo.

La camiseta de Cola Cao del Mundobasket España 86. Muchos la llevaron hasta que se caía a trozos... y luego, para dormir.
El deporte de la calle no necesitaba campo. Bastaba una tiza para pintar un estadio en la acera y unas chapas con la cara de tus ídolos para montar una liga entera. Las canicas se guardaban en botes de cacao y se jugaban en un agujero en la tierra, con reglas que cambiaban de un barrio a otro.
El Mundial de 1982 dejó balones, pelotas y bocinas con Naranjito en muchas casas. Con unos guantes de punto y unas rodilleras acolchadas cualquiera se sentía portero de la selección, y el futbolín servía para seguir jugando cuando llovía.


