El casete y el bolígrafo BIC

Nuestros hijos nunca sabrán la relación entre estos dos objetos. Nosotros sí: el BIC era el rebobinador oficial para no gastar las pilas del walkman.

El boli para rebobinar, grabar canciones de la radio y la funda con las letras en letra diminuta.

Nuestros hijos nunca sabrán la relación entre estos dos objetos. Nosotros sí: el BIC era el rebobinador oficial para no gastar las pilas del walkman.

Si sabes para qué eran estos papelitos, venga ese abrazo. Tapar los agujeros de arriba era el truco para grabar encima de una cinta protegida… y más de un original acabó con la radio grabada encima.

El dedo en el REC, la cinta TDK preparada y a rezar para que el locutor no hablara encima de la canción. Casi nunca se conseguía.

Desdoblar la funda del casete con cuidado, que no se rompiera, para aprenderte las canciones enteras… aunque la letra fuera diminuta. Hacía falta vista de lince y mucha paciencia.

Llamar a la emisora, esperar a que te pusieran y mandar saludos a toda la pandilla. Luego, a esperar la canción dedicada con el casete preparado para grabarla. ¿Tú mandabas saludos?

Enrique y Ana en casete, con «Superfantástico» y «La canción del Panda». Si al leer los títulos ya te has puesto a cantar, este casete era tuyo. ¿Quién lo tuvo?

Hallazgo arqueológico: un casete de Europe con «The Final Countdown». Los expertos confirman que la civilización de los 80 tenía muy buen gusto musical.

Chaqueta blanca, postura relajada y tumbado en el suelo del estudio. En los 80, si el cantante salía así en la portada, el disco era un éxito seguro.

Un estadio entero cantando a la vez con Queen en el Live Aid de 1985. Hay momentos que no se repiten.

Si has leído la frase cantando, la sintonía del anuncio de BIC se te ha quedado grabada para siempre. Y eso ya da una pista de la edad.

Pasillos y pasillos de discos, y la tarde entera buscando el que querías. Cuando la música no estaba en la nube, se podía tocar y oler.

La música de los 80 y los 90 llegaba con artillería pesada. La de ahora… digamos que dura menos que un rollo de papel.

La mejor época de la música, dicen muchos. Si la frase se te ha completado sola, ya sabes la respuesta.

A los 15 años, las paredes del cuarto llenas de pósteres y un nombre que lo era todo. ¿Quién era el tuyo?

No era cosa del vinilo ni de la aguja: es que las canciones eran buenas de verdad. Y eso no hay ordenador que lo iguale.


