La carta de ajuste de TVE

Terminaban los programas, aparecía la carta de ajuste y tocaba irse a la cama. Si la has visto, ya sabes a qué generación perteneces.

La carta de ajuste, He-Man, Oliver y Benji, KITT y aquellas tardes pegados a la pantalla.

Terminaban los programas, aparecía la carta de ajuste y tocaba irse a la cama. Si la has visto, ya sabes a qué generación perteneces.

Espinete y Don Pimpón, Epi y Blas, Coco, la rana Gustavo, el Monstruo de las Galletas y el Conde Draco. Imposible elegir solo a uno.
¿Cuál era tu favorito?

«El libro gordo te enseña, el libro gordo entretiene…». Petete nos enseñó un montón de cosas sin que nos diéramos cuenta. ¿Qué recuerdos tienes de él?

Un campo que no se acababa nunca, jugadores volando y un remate que duraba tres capítulos. Eso sí que era aprender a tener paciencia.

Un campo que no se acababa nunca, como en la serie. Para marcar en este futbolín había que tener la paciencia de Oliver.

Bugs Bunny, el Pato Lucas, Silvestre y Piolín, Porky y Taz. Si creciste con ellos, tuviste una buena infancia.

Nos pasamos años viendo Tom y Jerry y de la señora de la casa solo conocimos las zapatillas y el delantal. La intriga nos acompañará siempre.

Popeye viene del inglés «pop eye», ojo saltón. Media vida comiendo espinacas por él y no nos habíamos dado cuenta.

Orko, el mago despistado de He-Man, al que nunca le salía un hechizo a la primera. Siempre acababa liándola, pero era imposible no quererle. ¿Te acordabas de su nombre?

Por el poder de Grayskull… el pelo no vuelve. He-Man también cumple años, y Skeletor ha encontrado su punto débil.

Thundercats, ¡ho! Si al ver la señal has oído el grito de Leono, ya sabes de qué generación eres.

Mucho antes de los relojes inteligentes, Michael Knight hablaba con KITT a través del suyo. Y encima el coche le contestaba.

KITT no conducía solo: dentro de un asiento falso había un especialista al volante. Media infancia creyendo que el coche era listo de verdad.

April o Bonnie: las dos mecánicas de KITT en El coche fantástico. ¿Tú de quién eras?
¿Tú de quién eras?

Cuando a David Banner se le ponían los ojos blancos, ya sabías lo que venía: camisa rota y a correr. No le hagas enfadar.

Al final de cada capítulo, David Banner se marchaba solo por la carretera con su bolsa al hombro y aquella música tan triste de fondo. Imposible no emocionarse.

Dicen que ya casi nadie se acuerda de Topo Gigio. Nosotros sí: las orejas enormes, el jersey de rayas y aquella vocecilla inconfundible.

Otros se dormían con cuentos de hadas. A nosotros nos los contaba el Guardián de la Cripta, y así salimos.

Espinete lo pregunta por todos: ¿cómo habéis amanecido hoy los de cuarenta para arriba? La rodilla, la espalda o las dos a la vez.

Si al leerlo lo has cantado, ya estás de nuevo delante de la tele esperando a Marco y a su monito. Imposible leerlo sin cantar.

Hay puertas de garaje y luego está esta. Con Mazinger Z vigilando la entrada, ya puede venir la grúa que no se atreve.

Troncomóvil en venta: motor de pies, techo de madera y dos bidones como ruedas. Pedro Picapiedra estaría orgulloso.

«¡Échate para atrás, que te vas a quedar ciego!». La frase que más se oía en el salón, y ni así nos apartábamos de la pantalla.


