Coches de choque

¡Cuántos momentos de diversión con los coches de choque!

El tren de la bruja, la olla caníbal, los coches de choque, las máquinas de petacos y el escaparate de la juguetería.

¡Cuántos momentos de diversión con los coches de choque!

La olla caníbal, todo un clásico de las ferias: dar vueltas dentro de una olla gigante hasta salir mareado.

Escaparate de juguetería. Esto sí es transportarse a los 80.

Las máquinas de petacos del bar. ¿Qué es lo primero que te viene a la mente?

El tiovivo de hierro del parque: nuestras primeras prácticas de vuelo.

Cuando en los bares había dispensadores de frutos secos y de chicles en la pared.

El cocinero de la puerta del bar con su pizarra: «desayunos completos». No había bar que se preciara sin uno.

La carrera de camellos de la feria. ¿Quién jugó alguna vez?

La Casa de los Caramelos: un paraíso para cualquier niño de nuestra Generación VHS.

El arco de barras del parque. Dinos lo primero que se te venga a la mente.

Bares homenaje a nuestra Generación VHS: el bar La Ruperta.

Mocedades, Chiquetete, Azul y Negro, Barón Rojo... El cartel de la feria de 1983: la crème de la crème.

Arriba la mano los fanáticos del pinball.

El tren de la bruja, y su escobazo. Que levante la mano quien se llevó uno.

Cine Exin, trenes de Ibertren, la avioneta... ¡Cuántos recuerdos en tan poco espacio!

Tú empujabas, los demás se agarraban y alguno salía volando. El tiovivo de hierro del parque no perdonaba a nadie.

Los pollitos de colores de la feria. ¿Tuviste alguno?

Aquellos palilleros de plástico de los bares. ¿A quién o a qué te recuerdan?
Las ferias de los pueblos y barrios eran el gran acontecimiento del año. Atracciones como el tren de la bruja, la olla o los coches de choque se repetían en todas partes, junto a los puestos de pollitos de colores y los carteles con los artistas que actuaban en la caseta.
El bar y la tienda del barrio completaban el paisaje: máquinas de petacos, palilleros de plástico, el cocinero de cartón en la puerta y escaparates de jugueterías y tiendas de caramelos ante los que nos quedábamos pegados.


