Cumpleaños en casa

La tarta, las coronas de papel, los refrescos en la mesa y toda la familia alrededor. Así se celebraban los cumpleaños.

Cumpleaños con coronas de papel, banquetes de boda, domingos en el campo y la ropa de los domingos.

La tarta, las coronas de papel, los refrescos en la mesa y toda la familia alrededor. Así se celebraban los cumpleaños.

La mesa llena, los globos y toda la familia. Al fondo, la tele de siempre.

Mesa larga, mantel blanco, centros de flores y los invitados de punta en blanco. Así eran los banquetes de antes.

El papel pintado, la lámpara de pie y la familia posando. Una foto de cualquier álbum.

Bien peinados, con el jersey de los domingos y la tele al lado. La foto para el álbum.

La foto de los hermanos, con la ropa de domingo, junto a la tele del salón.

El cable estirado hasta el sillón y toda la familia escuchando la conversación.

El niño posando orgulloso junto al equipo de música del salón.

La bici nueva y la cara de felicidad. No había mejor regalo.

Dos niñas entre los cojines del sofá. Una fortaleza en toda regla.

Despeinados, con la camiseta manchada y el vaso en la mano. Un día de campo cualquiera.

Dos críos vestidos de piloto en mitad de la calle. Así eran los carnavales de entonces.

Un barreño en la terraza, agua al sol y a remojo. La mejor piscina del verano para los más pequeños de la casa. ¿A quién le bañaron alguna vez así?

Una escena de los 80 que hoy sería impensable: el cigarro en la boca y el niño al lado, como si nada.

El coche aparcado, la manta en el suelo y la familia alrededor. Los domingos en el campo.

El coche aparcado en el camino y la familia comiendo sobre la hierba. Los domingos de antes.

Los domingos se cargaba el coche con la nevera, la tortilla y las sillas plegables y se iba al río. La comida sabía mejor que en ningún restaurante. ¿Adónde te llevaban a ti?

Los chorizos colgados junto al fuego y la mesa puesta. La matanza era una fiesta.

Las abuelas en la silla baja a la puerta de casa y los críos con las bicis. Las vacaciones en el pueblo, tal cual.

Las sillas en la calle cuando caía el sol. La mejor tertulia del barrio.

Toda la pandilla en la barra y la gaseosa en el centro. Las fotos de grupo de entonces.

Llamaban a la puerta y preguntaban: «¿Sale a jugar?». Sin móviles ni quedadas, bastaba un puñado de canicas y un trozo de suelo para pasar la tarde. ¿Quién venía a buscarte a ti?


