La tienda que tenía de todo

Cacharros colgados del techo, la báscula en el mostrador y de todo en las estanterías. Entrabas a por pan y salías con un recado para cada vecina.

El ultramarinos, la panadería, la mercería, el afilador con su bici y el bar de toda la vida.

Cacharros colgados del techo, la báscula en el mostrador y de todo en las estanterías. Entrabas a por pan y salías con un recado para cada vecina.

La báscula en el mostrador, las bolsas de patatas colgadas y el tendero que lo apuntaba todo en la libreta. Había de todo, y si no, te lo traía para el martes.

Había de todo: patatas, chocolatinas, cazos y hasta cordones. Y si faltaba algo, la tendera te lo encargaba para la semana siguiente.

Latas, botellas y la caja de huevos en el mostrador. La tienda de la esquina donde te fiaban.

Las latas en el mostrador, la báscula y las estanterías hasta el techo. Comprar era una charla con el tendero.

La aguja marcaba los gramos y el tendero redondeaba a tu favor, o no.

Daba gusto ir por el pan: la báscula, las barras recién hechas y el panadero que te conocía de toda la vida. Y si sobraba algo del cambio, para chuches.

Pan recién hecho, báscula en el mostrador y el panadero de siempre. Cuando el pan era pan, se acababa antes de llegar a casa.

Cajas numeradas llenas de botones de todos los colores. En la mercería encontrabas el que te faltaba.

Mostrador, estanterías hasta el techo y toda la familia esperando a que les atendieran.

Revistas colgadas en la puerta, balones en el escaparate y de todo en las estanterías.

Lo girabas en la tienda del pueblo para elegir la postal que enviar a la familia.

Las tiendas Simago, con su letrero rojo. Ir allí de compras era un plan de sábado.

Se le oía llegar por el silbato. Afilaba cuchillos y tijeras con la rueda montada en la bici.

La rueda de afilar montada en la bici, ahora entre coches. Algunos siguen pasando por los barrios.

El dueño, la jefa detrás de la barra y las botellas en la estantería. El bar de toda la vida.

La barra de azulejos, las botellas al fondo y el almuerzo de media mañana.

Las máquinas, la moto en la puerta y los amigos en la acera. Ahí se socializaba de verdad.

La camioneta de Puleva repartiendo por las calles. Las cajas de botellas iban a la vista.

La escoba, la cal y la fachada blanca como la nieve. En los pueblos se hacía cada año.


