La cabina junto a la Puerta de Toledo

La cabina de teléfono, un taxi y la Puerta de Toledo de Madrid al fondo. Una postal de otra época.

Cabinas de teléfono, el buzón amarillo, el guardia en su tarima y los vecinos tomando el fresco.

La cabina de teléfono, un taxi y la Puerta de Toledo de Madrid al fondo. Una postal de otra época.

Había una en cada esquina y llamar era una pequeña aventura. Hoy cuesta encontrar una.

El buzón de Correos y la cabina de Telefónica, uno al lado del otro. Dos clásicos de cualquier calle.

Una fila de cabinas y gente esperando turno. Llamar a casa en vacaciones era toda una aventura.

Antes hacías cola en la cabina con las monedas preparadas. Ahora la única cabina donde nadie te molesta mientras hablas por teléfono es el baño.

Subido a su tarima en mitad del cruce, con casco blanco y silbato. Y los Seat 600 obedeciendo.

Uniforme marrón, bigote y gafas de sol. Sin gimnasio y sin batidos de proteínas, pero aparecían por el parque y se hacía el silencio.

La silueta del toro en lo alto de la colina. Durante los viajes, verlo era señal de que quedaba menos.

Te subías, echabas la moneda y salía tu peso. Siempre en la puerta de la farmacia.

Sacar las sillas a la puerta cuando caía el sol y quedarse de charla con los vecinos hasta las tantas. En muchos pueblos todavía se hace, y que dure.

Sillas a la puerta, las vecinas en corro y todas las noticias del pueblo al día. El grupo de WhatsApp original, y sin mensajes reenviados.

El teclado, la trompeta y la cabra subida a la escalera. Un espectáculo callejero que muchos recordarán.


