Fritos de Matutano

Fritos de Matutano a 25 pesetas, «precio joven», y el nuevo de ketchup. La bolsa que se acababa antes de llegar al parque.

Fritos, Rufinos, Monchitos, gusanitos, pipas y kikos, y los regalos que venían dentro de la bolsa.

Fritos de Matutano a 25 pesetas, «precio joven», y el nuevo de ketchup. La bolsa que se acababa antes de llegar al parque.

Los Rufinos de maíz, con dos niños vestidos de tiroleses en la bolsa. Un aperitivo que se acababa en un suspiro.

Abrir la bolsa y buscar el tazo antes que las patatas. Si te salía uno repetido, a cambiarlo en el recreo.

Los anillos de terror de Matutano: calaveras, manos y monstruos de colores. Lo suyo era llevar uno en cada dedo.

Una bolsa de gusanitos y los dedos naranjas durante toda la tarde. Uno de los grandes clásicos de los cumpleaños.

Las pipas y los kikos de Churruca, las dos bolsas de siempre para ir al parque. ¿Tú eras más de pipas o de kikos?
¿Tú de cuál eras?

Gratis una mano loca por la compra de dos bolsas de Matutano. Duraba dos días, pero cómo nos gustaba.

Los Monchitos, en su bolsita amarilla. De esos aperitivos que se compraban de dos en dos.

Las bolsitas de Conguitos de antes, con su mascota de siempre. Cacahuete con chocolate: abrir una bolsa era no parar hasta el último.

Cuando en los bares había dispensadores de frutos secos y de chicles en la pared.
Las bolsas de aperitivos se compraban con las monedas que sobraban y se acababan antes de llegar al parque. Patatas, ganchitos, gusanitos y fritos de todas las formas dejaban los dedos de colores, y en el banco del barrio las pipas se comían a puñados mientras se arreglaba el mundo.
Muchas bolsas llevaban premio dentro: anillos de terror, manos locas o tazos que provocaron auténticas fiebres coleccionistas. En los bares, el dispensador de frutos secos completaba el picoteo de los mayores.


