El bocadillo de chocolate

Pan y chocolate: la merienda más sencilla del mundo y una de las mejores. Si el pan era del día, mejor todavía.

Pan con chocolate, el Bollycao del recreo y la eterna pelea entre el Cola Cao y el Nesquik.

Pan y chocolate: la merienda más sencilla del mundo y una de las mejores. Si el pan era del día, mejor todavía.

Dos galletas María, mantequilla en medio y apretar hasta que asomaba por los bordes. La merienda más sencilla y una de las mejores.

El Bollycao del recreo, con el chocolate que siempre se quedaba en la punta. Dicen que ya no saben igual… ¿Estás de acuerdo?

Cola Cao con sus grumos o Nesquik, que se disolvía a la primera. En cada casa había un bando. ¿Tú eras más de Cola Cao o de Nesquik?
¿Tú de cuál eras?

Fresa, macedonia, piña, limón… los envases de Danone con su fruta dibujada. ¿Cuál era tu favorito?
¿Cuál era tu sabor favorito?

Frambuesa, coco, avellana, pera… Los Yoplait con su flor de colores tenían sabores para todos. ¿Cuál era tu favorito?
¿Cuál era tu sabor favorito?

Un agujerito en la lata y a chupar a escondidas. El bote de La Lechera nunca llegaba entero al postre.

Bocadillo de mantequilla con azúcar y Mazinger Z en la tele. No hace falta mejorarlo; con igualarlo nos damos por satisfechos.

Bocadillo de chorizo, el suelo del salón y Barrio Sésamo en la tele. Hay tardes que ya no se pueden mejorar.

Preparar el bocata de Nocilla tenía un paso final obligatorio: el lametón al cuchillo. El que diga que no lo hacía, miente.

Abrir la bolsa y buscar el tazo antes que las patatas. Si te salía uno repetido, a cambiarlo en el recreo.

Llegaban a primera hora en su caja de reparto, recién hechos y sin envoltorio. El glaseado se te quedaba en los dedos hasta el recreo.

Una cucharada de leche en polvo a escondidas y la boca pegada durante diez minutos. Valía la pena.

Unos panecillos recién hechos y unas lonchas de mortadela. El jamón del pobre, y hay que reconocer que estaba riquísimo.

Se caía el pan, un soplido rápido y a la boca. La regla de los cinco segundos la inventamos nosotros.

Pico, cuscurro, currusco, coscurro, punta… Cada casa tiene su nombre para ella y siempre desaparece antes de llegar a la mesa. ¿Cómo la llamabas tú?

«¡Bébetelo ya, que se van las vitaminas!». Nunca supimos adónde se iban, pero el zumo se bebía de un trago.

Una bota de vino, chorizo, salchichón y una navaja para ir cortando. Nada de bebidas energéticas: esto era lo que se llevaba al campo o de excursión. ¿Quién sabía beber de la bota sin mancharse?


