La chaqueta que todos queríamos

Azul marino, rayas en la manga y forro de cuadros: la chaqueta que todos queríamos tener.

Vaqueros Lois, chándales de tactel, la falda escocesa, los slips de Abanderado y la bata de la abuela.

Azul marino, rayas en la manga y forro de cuadros: la chaqueta que todos queríamos tener.

El chándal oficial de la clase de gimnasia: azul marino con rayas blancas.

Sí, calzoncillos Abanderado vendidos en lata. Lo raro no era la lata, sino todo lo que guardábamos en ella después.

Vaqueros Lois, made in Spain.

El equipaje oficial de las abuelas: la bata de cuadros.

La falda escocesa con sus hebillas. Si fuiste niña en los 80, tuviste una.

Los leotardos de punto calado, para los domingos y fiestas de guardar.

Aquella chapa de los Bonaventure que se te clavaba al sentarte.

El chándal de la mili, verde con los colores de la bandera.

Los pantalones cortos Rocky's de colores, con su ribete blanco. ¿Quién los usó?

Los monederos de bolitas de plástico de colores, con su cremallera. Quien tuvo uno, lo llevaba a todas partes.

Las caras sonrientes del Acid House, en pañuelos, camisetas y carpetas.

Los chubasqueros de colores de los 90. Vistos con ojos de hoy, un poco llamativos.

Los slips blancos de Abanderado que nos ponían de pequeños, en su bolsa de plástico. Nadie se libró.

El colgante con forma de bala y cordón negro, que estuvo de moda entre los más chulos del barrio.

El chándal de tactel de los 90, verde y morado. ¿Quién tuvo uno así... o peor?

La cartera de velcro, con su ruido inconfundible al abrirla. ¿Quién tuvo una?

Las rodilleras de cuero cosidas al pantalón. Si nunca llevaste unas, igual no eres de la Generación VHS.

Esos collares con nuestro nombre o el de quien nos gustaba.

Hombreras, colores flúor y pelo cardado: un estilismo ochentero en estado puro.

Los vestidos de nido de abeja con cuello de volantes. Muchas tuvisteis uno para los domingos y para las fotos.

Los pañuelos de tela con Heidi y sus amigos, en su caja de regalo. Daba pena sonarse con ellos.

Aquellos pañuelos de tela con dibujos de niños, flores y gatitos, que se planchaban y se guardaban doblados en el cajón.
La ropa de antes se heredaba, se remendaba y se alargaba hasta el último día. Las rodilleras cosidas, los vestidos de domingo y los chándales del colegio pasaban de hermano en hermano, y las marcas de vaqueros españolas llenaban los armarios.
Los 80 y los 90 trajeron colores chillones, tejidos que hacían ruido al andar y modas que hoy parecen de otro planeta. Esta galería recoge prendas y complementos que muchos tuvimos y que, vistos ahora, nos sacan alguna sonrisa.


