Pistolas de agua

¡Cómo nos molaban aquellas pistolas de agua de plástico!

Fuertes del Oeste, paracaidistas de plástico, pistolas de fulminantes y tirachinas de rama.

¡Cómo nos molaban aquellas pistolas de agua de plástico!

Los paracaídas de plástico con su soldadito colgando. Lanzarlo desde el balcón y verlo bajar era todo un acontecimiento.

Diversión sin límites con el Fuerte Comansi y sus indios y vaqueros.

La pistola espacial que disparaba hélices de colores. Que levante la mano quien jugó con ella.

Los fulminantes. Te acuerdas del ruido y, sobre todo, del olor.

La trampa de los Cazafantasmas, con sus rayas amarillas y negras. Solo los de nuestra generación saben para qué servía.

El trabuco y la pistola de Curro Jiménez. Las joyas que vendían cuando éramos pequeños.

El soldadito con paracaídas en su bolsita. Tan poca cosa y cuántas tardes de diversión.

Aquellos aviones de plástico propulsados con goma.

Típico regalo ochentero: el set de combate de Rambo, con pistola, cuchillo, granada y brújula. Y no pasaba nada.

Las ballestas de nuestra Generación VHS: un palo, una pinza de la ropa y una goma. No hacía falta más.

¡Ojo, el Fort Randall! El fuerte de vaqueros que era una auténtica pasada.

Ojo, que MacGyver tenía su propia arma de juguete. Curioso, porque en la serie no usaba ninguna.

La pistola de fulminantes con sus anillos rojos. Todavía recuerdas el sonido y, sobre todo, el olor de cada disparo.

Los super paracaidistas de Héroes del espacio, en su bolsita. Lanzarlos desde el balcón era lo más.

¡Una auténtica navaja de bandolero! De plástico, en bolsa de doce y para jugar a bandoleros en la calle.

Las figuritas de indios y vaqueros. Medio salón convertido en el Lejano Oeste.

El tirachinas hecho con una rama. ¿Alguna vez alguien te hizo uno?
Jugar a indios y vaqueros o a soldados fue de lo más corriente en la infancia de los 70 y 80. Los fuertes de plástico con su empalizada, las figuras de colores y los paracaidistas que se lanzaban desde el balcón ocupaban tardes enteras en el salón o en la calle.
Las pistolas de juguete formaban parte de aquel paisaje: de fulminantes, con su olor a pólvora; de agua, para el verano; o caseras, como el tirachinas de rama y la ballesta de pinza. Hoy se ven con otros ojos, pero entonces eran el regalo típico de cumpleaños y ferias.


