El Capitán Trueno

Espada, escudo y la cruz en el pecho. El héroe de los tebeos que leyeron padres e hijos.

Capitán Trueno, Zipi y Zape, Mortadelo, Pulgarcito, la Super Pop, Tele Indiscreta y el kiosco de los domingos.

Espada, escudo y la cruz en el pecho. El héroe de los tebeos que leyeron padres e hijos.

Tele Indiscreta, con El coche fantástico en portada. Arriba la mano quien la compraba.

Los gemelos más traviesos de los tebeos, con don Pantuflo y doña Jaimita. ¿Quién no los leyó?

La ratita barriendo la puerta de su casa. Uno de los cuentos de toda la vida.

«¿Qué haces?», «Estoy pensando», «¡Por Dios, Mariano, no hagas locuras!». El humor de Forges.

La revista juvenil femenina de los 70 y 80, con sus pósters y concursos.

Llevabas los tebeos ya leídos y salías con otros por unas pesetas. Era la biblioteca del barrio, y siempre olía a papel.

Una revista, un boli y ya estaba: bigote, cejas unidas y barba nueva para cualquier famoso. Ningún actor se libraba.

Roberto Alcázar y Pedrín, «El brazalete maldito». Arriba la mano los fans.

«Toda la Galia está ocupada por los romanos... ¿Toda?». La aldea de Astérix resiste.

Aquellas revistas de Micromanía, solo para adictos.

La revista Gigantes del Basket, a 135 pesetas, con el Barça-Madrid en portada y superpóster de regalo. Cuántos buenos ratos nos dio.

Cuando se pusieron de moda los chistes de Lepe.

La revista Copito, con los dibujos de Hanna-Barbera. ¿Quién la leyó alguna vez?

Que levante la mano quien leía Pulgarcito.

13, Rue del Percebe, de Ibáñez. Seis décadas y sigue vigente.

¡Qué pena de tesoro abandonado en la calle! Un montón de tebeos esperando a que alguien les dé una segunda vida.

La Super Pop con Tom Cruise en portada, Kirk Cameron, Mecano y Madonna. Aquellas revistas míticas.

El Jabato, Hazañas Bélicas, Lily... Los tebeos colgados con pinzas en el kiosco, esperando a que alguien se los llevara.

El especial de la revista Pronto con la selección y sus futbolistas. Así cómo no nos íbamos a hacer futboleros.

Arriba la mano los fans de Mortadelo y Filemón y sus disfraces imposibles.
El kiosco era la puerta de entrada a la lectura para muchos niños. Los tebeos se compraban con la paga del domingo, se leían una y otra vez y se cambiaban con los amigos o en las tiendas de cambio de novelas. Personajes como Mortadelo, Zipi y Zape o el Capitán Trueno acompañaron a varias generaciones.
Con los años llegaron las revistas juveniles: pósters de cantantes y actores, programación de la tele, trucos de videojuegos o baloncesto americano. Muchas acababan recortadas para forrar carpetas o empapelar la habitación.


